Una de las preguntas financieras más habituales es cuánto dinero conviene mantener disponible en una cuenta corriente.
La respuesta suele plantearse en términos de meses de gastos: tres meses, seis meses, doce meses.
Es una referencia útil, pero insuficiente.
Dos familias con los mismos gastos mensuales pueden necesitar cantidades muy diferentes de liquidez.
Una familia con ingresos estables, dos salarios, pocas cargas financieras y una elevada capacidad de ahorro puede permitirse mantener un colchón diferente al de una familia que depende de un único ingreso, tiene gastos próximos importantes o una situación laboral más incierta.
El objetivo de mantener liquidez es poder afrontar gastos e imprevistos sin necesidad de vender inversiones en un mal momento, recurrir a financiación de urgencia o alterar decisiones financieras importantes.
Por eso, antes de decidir cuánto dinero mantener disponible, conviene analizar factores como la estabilidad de los ingresos, los gastos mensuales, las responsabilidades familiares, las deudas existentes y los desembolsos previstos durante los próximos años.
No existe una cifra universal adecuada para todas las familias.
Mantener dinero disponible aporta tranquilidad y flexibilidad.
Pero acumular durante años cantidades muy superiores a las necesarias también puede tener consecuencias.
La inflación reduce progresivamente el poder adquisitivo del dinero y mantener una parte excesiva del patrimonio sin una estrategia puede dificultar la consecución de objetivos de largo plazo.
La cuestión, por tanto, no es elegir entre tener liquidez o invertir.
La cuestión es determinar qué parte del patrimonio debe cumplir cada función.
El dinero que puede necesitarse próximamente debe gestionarse de forma diferente al destinado a objetivos de medio o largo plazo.
Separar el patrimonio según sus objetivos y horizontes temporales permite mantener suficiente liquidez sin renunciar a construir una estrategia de inversión.
Por eso, más que preguntarse cuánto dinero hay que tener en la cuenta corriente, puede ser más útil preguntarse:
¿Qué parte de mi patrimonio puedo necesitar próximamente y qué parte puedo permitirme invertir pensando en el largo plazo?
Una buena planificación financiera no consiste en invertir todo el dinero disponible ni en acumular indefinidamente liquidez.
Consiste en encontrar un equilibrio entre seguridad, flexibilidad y crecimiento patrimonial.
Ese equilibrio será diferente para cada familia y cambiará a medida que evolucionen sus circunstancias, sus objetivos y su patrimonio.
Si quieres analizar tu situación financiera, ordenar tus prioridades y valorar qué estrategia puede encajar mejor con tus objetivos, podemos mantener una primera conversación